Sacerdocio

Vocación

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El joven Díaz sentía cada día en su corazón el llamamiento divino con más insistencia, pues el Señor lo había destinado desde el seno materno para hacerlo su sacerdote.

En mayo de 1876, aquel deseo que lo atormentaba ya fuertemente, le hizo tomar la firme resolución de hacer todo cuanto le fuera posible para vencer las dificultades que se le presentaran. El Señor le atraía cada día más hacia Él.

Descubría esta gran pena a su madre adoptiva, la cual participaba de sus angustias y le afligía al ver que nada podía hacer por su Tachito, como lo llamaba cariñosamente. Ambos acudían al Señor, pidiendo ayuda y consuelo. Por su parte, Don Canuto se opuso de muchas y diversas maneras a que su hijo entrara al Seminario.

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Temía perder un eficaz colaborador en el sostenimiento de la familia. Lo quiso dedicar al comercio, pues tenía bastantes aptitudes para ello; le pedía que se capacitara cada vez más. Le decía que no le era posible sostenerle estudios tan largos y tan costosos en la carrera del sacerdocio. Don Canuto siempre manifestó mucha inconformidad en que su hijo fuera sacerdote y trató de impedírselo por todos los medios.

Por el mes de mayo, la Sra. Doña Petra Arias invitó al joven Díaz a solemnizar este mes de María con cantos y música, como solía hacerlo cada año en su oratorio particular. Estando ahí fue donde José Anastasio tomó la resolución de abrazar definitivamente la vocación sacerdotal. Pasó por muchos sufrimientos, pero el Señor le envió a un eficaz consejero, en la persona del Sr. Pbro. Dr. Don J. de Jesús Torres, quien lo exhortaba a no desanimarse ni volver atrás.

El Rector del Seminario de Guadalajara, Don Francisco Melitón Vargas, se ofrece a proporcionarle los gastos necesarios para el viaje.

Vencidas todas las dificultades y resuelto a sufrirlo todo, con tal de seguir el llamamiento del Señor Jesús, marcha el joven a Guadalajara, Jal., después de haber recibido la bendición de su padre.

El seminarista

El 18 de octubre de 1876, José Anastasio ingresa al Seminario Conciliar de San José, en Guadalajara, como alumno externo. A partir del 18 de marzo del siguiente año, fue admitido como alumno interno.

Aquí vería los muchos trabajos que habría de pasar como “estudiante pobre”, pero que supo aceptar y soportar con admirable humildad y paciencia. Rogaba a María Santísima le diese fortaleza para no abandonar el camino emprendido.

Estudiaba por las noches en libros prestados, para no perjudicar a sus dueños que también los necesitaban. Se los devolvía al día siguiente y a buena hora, para evitar maltratarlos.
De 1877 a 1878, estudió el primer curso de Filosofía. El Señor, Padre bueno que vela por sus hijos, vino en su auxilio y le abrió nuevos caminos.

Varios sacerdotes de la Diócesis de Zacatecas le ofrecieron ayuda para que se cambiara al Seminario de dicha ciudad.

Invitado personalmente por el Excmo. Sr. Obispo Dr. Don José Maria del Refugio Guerra, segundo obispo de Zacatecas, el joven Díaz, pasa a formar parte del Seminario de Zacatecas. Contó con la ayuda muy especial del Sr. Torres quien en el tiempo que estuvo de Párroco en Aguascalientes tuvo muy cordial relación y amistad con su familia.

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Concedida la excardinación del Sr. Arzobispo de Guadalajara, pasa a Zacatecas

El Sr. Torres Rector del Seminario se lleva algunos jóvenes que deseaban ser sacerdotes, entre ellos estaba el joven Díaz que fue inscrito en el 2do año de Filosofía. Contando con el apoyo del Sr. Rector se establece en Zacatecas, por un tiempo estuvo viviendo en casa del Sr. Pbro.

Guadalupe Ortiz y después en el “Ranchito” una finca algo arruinada perteneciente al Seminario y por fin en 1879 ingresó como interno al plantel de dicho Seminario. Terminados sus estudios, el 22 de agosto de 1880 recibe la Tonsura y las cuatro Ordenes Menores en la Casa Episcopal, el 24 del mismo mes recibe el Subdiaconado en la Sta. Iglesia Catedral de Zacatecas.

El día 30 de noviembre recibe el Diaconado habiendo practicado antes los ejercicios espirituales como preparación para este acto. Durante el año escolar 1880-1881 estudia, bajo la dirección del mismo profesor, el segundo curso de Teología Moral, con lo que da fin a su carrera eclesiástica. Todos sus sacrificios y privaciones fueron coronados por Dios, concediéndole la Ordenación Sacerdotal el 10 de agosto de 1881.

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Con gran devoción celebra su Primera Misa en el templo de San Diego en Aguascalientes, Ags., el 30 de agosto de 1881, ante la venerada imagen de la Inmaculada Concepción a quien profesaba, desde niño, una tierna y filial devoción y en cuya presencia, pocos años antes, había derramado tantas lágrimas implorando la gracia del sacerdocio. El Rvdo. Padre Fray José Ma. de Jesús Portugal y Serratos, religioso franciscano, quien más tarde fuera obispo de Sinaloa, Saltillo y Aguascalientes respectivamente, dirigió elocuentes palabras al nuevo sacerdote.

Recibió también el aprecio de todos sus maestros. Uno de ellos, el Sr. Romero, se dirigió a él, desde el púlpito, con estas palabras: “Discípulo mío en la ciencia, maestro mío en la virtud”. En su vida se distingue por su laboriosidad, un hombre de una actividad incansable, notable celo apostólico, sacerdote de profunda intimidad con Dios, sus delicias son el encuentro con Jesús Eucaristía, vive e inculca a los demás un permanente deseo de perfección, expresa en sus oraciones y demás escritos una sed ardiente de Dios, verdadero heraldo del amor y devoción al Sagrado Corazón de Jesús, manifiesta un tiernísimo y delicado amor a María Santísima, fundador de una Congregación Religiosa, impulsor de la Catequesis en la Diócesis de Zacatecas, México, padre y educador de los niños especialmente de los pobres, benefactor de la sociedad, de caridad ejemplar y verdaderamente humilde.

Primeros ministerios sacerdotales

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El Sr. Pbro. José Anastasio predicó sus primeros sermones siendo diácono, en la capilla de Bracho, en la ciudad de Zacatecas.

El primer oficio que desempeñó siendo ya sacerdote, fue de Vicario provisional en la Parroquia del Sagrario (Santo Domingo). El 3 de diciembre fue invitado a Vetagrande, Zac., para ayudar al párroco del mismo lugar durante el novenario de la Virgen de Guadalupe. El 14 de diciembre fue nombrado Capellán de Coro. En esta calidad empezó a asistir a Catedral, al rezo del Oficio Divino y a otras solemnidades corales. Ejercitó también obras apostólicas, realizó también obras materiales que su espíritu de trabajo y celo por la gloria de Dios le hacían emprender en cualquier parte a donde era destinado.

Celo Apostólico

Durante los primeros años de vida sacerdotal, ejerció su labor apostólica principalmente en el Seminario Conciliar de la Inmaculada Diócesis de Zacatecas, en donde trabajó por infundir en los jóvenes alumnos un sólido espíritu de piedad. Aquí, desempeñó el cargo de Prefecto de Disciplina. Atendió gratuitamente la Cátedra de Canto Llano por espacio de seis años. Fomentó en los seminaristas la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

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Para esto, estableció en el seminario, las asociaciones piadosas de la Guardia de Honor y del Apostolado de la Oración. Colocó una estatua del Sagrado Corazón en el descanso de la escalera que da al segundo piso a la entrada del Seminario, para que presidiera el estudio de los seminaristas cuando paseaban por los corredores estudiando sus clases. Promovió la consagración de todo el Seminario al Sacratísimo Corazón de Jesús juntamente con el Sr. Torres rector del Seminario.

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El 21 de febrero de 1885, fundó la “Hermandad de los Esclavos del Sagrado Corazón de Jesús”. Esta Hermandad se inició con los seminaristas y después se hizo extensiva a toda clase de personas deseosas de perfección cristiana. Construyó la capilla del Seminario dedicada a la Purísima Concepción y, anexa a esta, otra más pequeña dedicada al Sacratísimo Corazón de Jesús, la cual hizo decorar hermosamente.

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Conseguía el dinero necesario para sus construcciones a base de limosnas, que a veces, no de muy buena gana, se lo daban, recibiendo además desprecios y humillaciones, incluso calumnias, a tal grado que en cierta ocasión fue llevado a la cárcel, en donde permaneció algunas horas, porque gracias a Dios, pronto se comprobó la verdad. En otra ocasión en que solicitaba ayuda monetaria para sus construcciones, la persona que cooperó lo hizo de muy mala gana, de tal manera que al aventarle las monedas, éstas rodaron al suelo. Entonces, el Sr. Díaz con toda humildad las recogió diciéndole al adinerado: “el Señor recompense su generosidad”.

Para el acarreo del material le ayudaban con mucho gusto todas las personas: hombres, mujeres, niños. Los estudiantes seminaristas pedían permiso a sus maestros para salir, los sábados, a las negociaciones mineras para pedir ayuda para las obras del Señor Díaz. Con el oro que reunieron pudieron mandar hacer una pequeña custodia para la exposición del Santísimo. Por este mismo tiempo, sufrió la pena del fallecimiento de su querido padre el 20 de enero de 1890 y al año siguiente, el 27 de diciembre de 1891, la muerte de Doña Carlota, su abuela paterna.

Su gran preocupación: La niñez desamparada

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La más grande preocupación que tuvo el Señor Díaz en el ejercicio de su ministerio sacerdotal, fue la educación de los niños pobres y abandonados que, sin ninguna instrucción religiosa, corrían el peligro de perderse en los centros de vicio y de inmoralidad que en todas partes abundan.

Al morir el Sr. Canónigo Don J. Félix Palomino, dejó en manos del Sr. Díaz la construcción del templo a Nuestra Señora de Guadalupe, en el Barrio de la Estación del Ferrocarril central. El celoso sacerdote José Anastasio, confiando ciegamente en la infinita providencia de Dios y guiado por el ardiente amor que profesaba a la Virgen de Guadalupe, aceptó este nuevo compromiso.

Comenzó la construcción de este templo, el 12 de agosto de 1891, fecha en que bendijo y colocó la primera piedra. Para proteger y educar a la niñez, fundó dentro del límite de este mismo barrio, dos escuelas católicas: una para niñas, el 12 de junio de 1892, y otra para niños, el 1 de noviembre del mismo año.

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Se hicieron cargo de estas escuelas la Srta. Profa. Guillerma Calzada, ayudada por lasSrtas. Ma. Cristina Elías, Ma. del Refugio Lozano. El Sr. Díaz exigía a sus maestros se esforzaran en adquirir la suficiente preparación profesional. Para ello, les procuraba los medios que estaban a su alcance, les buscaba maestros competentes y acreditados, como el Sr. Dn. Manuel Prieto, distinguido maestro en ese tiempo, para que les instruyera en el uso de nuevos métodos y técnicas de enseñanza.

Además, las Stas. Profesoras se preparaban asiduamente en la formación cristiana que debía impartirse diariamente en dichas escuelas. Se valían de narraciones, ejemplos y otros métodos y materiales accesibles a los niños. Durante este tiempo, fue encarcelado (17 de abril de 1893) a causa de un sujeto que dijo tener su autorización para recoger limosnas en las obras de la Iglesia, pero que de hecho eran para su propio beneficio. Estableció en el Santuario las siguientes asociaciones piadosas: Apostolado de la Oración, Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús, Hermandad de Esclavos del Sagrado Corazón de Jesús, fundada por él, con Reglamento propio, oraciones y exhortaciones.

Todo esto estaba contenido en un libro llamado”Maná del Alma”. Estableció también los Adoradores seculares del Santísimo Sacramento y el Apostolado de la Cruz (1 de noviembre de 1898). Después de todas estas obras, piensa en los niños más pequeños, establece El Rebañito del Niño Jesús el 15 de enero de 1889.

La humildad del Sr. Díaz se hizo mucho más palpable en el trayecto de la construcción del Santuario. He aquí ejemplos de su magnanimidad y santa humildad.

“En una ocasión pidió en una casa limosna para el Templo, la que no le negaron, pero si se la arrojaron con un soberbio desprecio, acto que no inmutó al Sr. Díaz quien la levantó del suelo dando las gracias a nombre del Sagrado Corazón de Jesús. Incontables fueron las humillaciones que sufrió para dejar la obra del Santuario y del Asilo mas llegó a hacerse querer tanto de todas las clases sociales que se juzgaba feliz la morada que honraba con su presencia el Padre Díaz, como se le llamaba siempre”. (A la memoria del Sr. Cango. Dn. Anastasio Díaz)

“Sin embargo de que toda la sociedad lo admiraba y le llamaba siempre ‘Don Bosco Zacatecano’, una vez se presentó en una casa de ricos en buena situación que esperaba él un buen recibimiento, como me lo dijo, al ser recibido no le ofrecieron ni un asiento, imponiéndose del negocio que llevaba y sin despedirle le arrojaron un peso duro que cayó al suelo, lo recogió con la sonrisa en los labios dándoles las más cumplidas gracias. Pasaron así las cosas y mi condiscípulo pedía a Dios para que salvara aquellos corazones endurecidos”. (OCAMPO, Dr. Manuel F. Julio 23, 1932).

El fundador

FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE HIJAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE. Para solemnizar el culto en el Santuario, el Sr. Díaz formó un coro de jovencitas muy aptas para el canto, a quienes instruyó de la mejor manera. Ellas eran muy fervorosas, se confesaban y comulgaban con frecuencia. En los días que comulgaban, llevaban un ligero desayuno que tomaban después de la misa solemne. Reinaba en ellas una cordialidad muy profunda, fruto del espíritu de fervor que les infundió el Sr. Díaz. A esta reunión la llamaban “La Hermandad”. Después de mucha oración y continua penitencia, fue seleccionando, el Sr. Díaz, las personas que le parecían ser elegidas por Dios para vivir en comunidad. Después de haberlas educado muy bien en las prácticas de la vida religiosa, dio cuenta de ello al Ilmo. Sr. Portillo, el 28 de julio de 1895. Le presentó las Constituciones que había escrito para sus religiosas y obtuvo la aprobación verbal del Excmo. Sr. Obispo.

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El Sr. Díaz escogió como fecha oficial de la fundación de la Congregación religiosa de Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, el 12 de octubre de 1895, por el gran amor y devoción que tenia a la Santísima Virgen de Guadalupe. En esta fecha gloriosa entregó las Constituciones a las primeras religiosas para honrar con este solemne acto a la Santísima Virgen por su coronación en la insigne y nacional Basílica de Guadalupe como Reina de los mexicanos y Emperatriz de América. Después de tres días de retiro espiritual y concluída la celebración de la Santa Misa, reúne a las 4 jovencitas para hacer entrega de las Constituciones y nombra como primera superiora a Guillermita Calzada. Muy pronto obtiene la aprobación por escrito del Excmo. Sr. Alba y Franco, 12 de junio de 1903. Con esta fecha, la Congregación de religiosas quedó aprobada como Congregación diocesana. Más tarde, hasta el 12 de mayo de 1962, por gracia de Dios, la Congregación recibe de Roma el DECRETUM LAUDIS (Decreto de Alabanza) quedando el Instituto, aprobado por el Papa Juan XXIII como Congregación de Derecho Pontificio.

Foto de Religiosas

Foto de Religiosas

Fueron cuatro las primeras religiosas: Guillermita Calzada, Cristina Elías, Ma. del Refugio Lozano, y Dionisia Guadiana. Más tarde, el Excmo. Sr. Obispo Dr. Don Miguel M. de la Mora, quinto Obispo de Zacatecas, añadió al título: “y de Santa María de Guadalupe”, por lo que la Congregación religiosa recibe el nombre de “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Guadalupe”. Desde que fundó la Congregación, el Sr. Díaz fue llamado amorosamente “Nuestro Padre”, y así lo llamaron siempre los niños, asilados, los alumnos y sus religiosas. Otra de las obras que realizó el Sr. Díaz a favor de los pobres de Zacatecas, fue un Asilo consagrado al Corazón de Jesús y que estableció el 12 de noviembre de 1897.

Niños del Asilo

Niños del Asilo

Fueron cinco los primeros niños que simbólicamente colocó en las cinco llagas de Cristo. Este Asilo quiso atenderlo personalmente, ayudado por las religiosas que él fundó. Asimismo, atendían las escuelas, los talleres que les instaló: imprenta, carpintería, herrería, encuadernación y zapatería, para que los niños pudieran después ganarse la vida ejerciendo honradamente algunos de estos oficios. En estas escuelas se inscribían también otros niños que eran recibidos como pensionados. El Asilo del Sagrado Corazón siguió funcionando después de la muerte de su fundador, hasta 1914, fecha en que la ciudad de Zacatecas se vio asolada por las tropas del Gral. Francisco Villa y que también asaltaron y saquearon todas las dependencias del Asilo, desapareciendo todo lo que con tanto sacrificio y amor se había logrado.

El 8 de junio de 1904, el Sr. Pbro. José Anastasio Díaz López fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Zacatecas en la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. Tomó posesión el 10 de junio del mismo año. Duró en este cargo solamente un año dos meses. Desde el primer momento pidió humildemente al Sr. Obispo Alva y Franco lo dispensara de aceptar tal dignidad, a lo que el Excmo. Sr. le contestó: “Si un día le queda de vida, ese quiero que lo pase siendo Canónigo”.

“No se llenó de confusión y vergüenza al ser promovido a una canonjía de la Catedral y rogó y lloró para ser eximido de ese honor?”. (SANTANA, Arc. Felipe, Sembrando, Abril 13, 1958).

Programa de un apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

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El horario del Sr. Díaz era el siguiente:

Se levantaba a las 3 de la mañana. Rezaba las oraciones de la mañana. Enseguida, hacía una hora de meditación y media hora de lectura espiritual. Luego levantaba a los niños sonando una pequeña campana.

Mientras los niños se vestían rezaba junto con ellos algunas oraciones. Después, se preparaba a la Santa Misa. Al terminar, rezaba la acción de gracias y las Horas Menores del Oficio Divino. Enseguida, tomaba el desayuno en compañía de su hermana Elodia. Se dedicaba luego al arreglo de sus muchos negocios: contestar la correspondencia, arreglar sus libros de cuentas, visitar a los bienhechores, confesiones y dirección espiritual. A las doce tomaba sus alimentos. A las 3 de la tarde, visitaba a Jesús Sacramentado, luego rezaba Vísperas. Se reunía con los niños del Asilo, a las 9 de la noche, les daba la bendición y les rezaba algunas oraciones mientras conciliaban el sueño.

Después, él rezaba el Sto. Rosario paseando por los dormitorios. Hacía luego su lectura espiritual y preparaba los puntos de meditación del día siguiente. Antes de reprender a los niños cuando éstos lo necesitaban, hacía mucha oración y penitencias especiales. Para recordarles la presencia de Dios colocaba carteles en los lugares más visibles de la casa. Cuando algo faltaba en el Asilo, hacía primero oración y luego salía a visitar a sus bienhechores. Lo caracterizaba una modestia sencilla y espontánea, un gran espíritu de penitencia. Durante las comidas puede decirse que tan sólo probaba los alimentos. Dormía en una cama de tablas. Jamás se recargaba en el asiento de la silla y permanecía con las piernas recogidas, sin cruzarlas ni estirarlas. El cuerpo naturalmente recto sin afectación ni rigidez. Disimulaba perfectamente sus cilicios y disciplina.

“Ejercía un atractivo irresistible por su traro suave, su modesta sonrisa y su afabilidad, todo esto unido a una mesurada gravedad, por lo que era generalmente querido de todos”. (SANTANA, Arc. Felipe, Boletín Eclesiástico de Zacatecas, Enero, 1957).

“Como San Luis Gonzaga, de quien era ferviente devoto, como lo revelaba su límpida mirada y lo mostraba su circunspección en el trato de toda clase de personas”. (SANTANA, Arc. Felipe, Sembrando, Abril 13, 1958).

Jamás habló mal de nadie, ni permitió que se murmurara del prójimo. A sus religiosas, a los niños tanto internos como externos, los trató con sumo respeto, jamás se permitió tutearlos.

Este era el programa diario del Siervo de Dios, un programa humanamente agotador:”Parece increíble que un hombre entregado a tantas y variadas actividades en beneficio de las almas, pudiera llevar una vida interior tan intensa y sin embargo así lo revelan todos sus escritos y todos los testimonios de las personas que lo conocieron”. (DÁVILA, Ignacio, Vida del Sr. Cango. Dn. José Anastasio Díaz López).

Canónigo de la Santa Iglesia Catedral

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Un día de tantos que se encontraba el Padre Díaz inmerso en sus muchas actividades pastorales, recibe un llamado del Sr. Obispo, el Ilmo. Sr. J. Guadalupe de Jesús Alva y Franco quien le manifestó el motivo por el cual lo había llamado. Le hizo saber que lo había nombrado Canónigo de la Sta. Iglesia Catedral de Zacatecas.

El Padre Díaz confundido y lleno de humildad le dice al Obispo que había muchos otros sacerdotes verdaderamente dignos de esta gracia y le rogó le dispensara de tal cargo, aludía a su indignidad e inutilidad para desempeñarse debidamente, que lo hiciera hasta por las críticas que pudieran suscitarse, pero todo fue en vano.

El Sr. Obispo le contestó que si un día le quedaba de vida ese quería que fuera canónigo.
El Padre Díaz con verdadera humildad, inclinó la cabeza, dio las gracias y se retiró confuso y afligido.

El día 8 de junio de 1904, festividad del Sagrado Corazón de Jesús, le fue conferida la “canonjía”.